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Paso Gavia 1988: ¿La etapa más dura de la historia?

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Pedro Delgado tras la finalización de la etapa 14 del Giro de 1988. Foto Graham Watson

Pedro Delgado tras la finalización de la etapa 14 del Giro de 1988. Foto Graham Watson

Una fina lluvia empapaba el asfalto de la localidad de Chiesa in Valmalenco aquella gélida mañana del 5 de junio de 1988. Tenía lugar la salida de la decimocuarta etapa del Giro. Una jornada alpina de 120 kilómetros con las subidas a Aprica y el Paso Gavia como principales dificultades antes de la llegada a Bormio.

El parte meteorológico no era precisamente alentador, se esperaba una copiosa nevada en el temible Paso Gavia. El por entonces director del Giro, Vincenzo Torriani, desoyó las presiones de modificar el recorrido de la etapa. El capo del Giro quería circo.

Un pelotón de 154 corredores tomó la salida de la etapa con el italiano Franco Chioccioli liderando la general. En los primeros kilómetros la lluvia no cesó, aunque la jornada parecía trascurrir sin importantes incidencias.  

Dos corredores; el suizo Stefan Joho y el italiano Roberto Pagnin conformaron la fuga del día. Ambos coronaron Aprica con algo más de un minuto respecto al pelotón, aunque fueron neutralizados en las primeras rampas del Gavia.

La ascensión al Paso Gavia: un infierno helado

El Paso Gavia es una interminable carretera que se abre paso de forma serpenteante por las imponentes montañas alpinas. Cerca de veinte kilómetros de ascensión con una pendiente media del 8% y una cima situada a más de 2.600 metros de altitud. Un temible coloso al que el Giro acudía por segunda vez en aquella edición de 1988 (la primera vez fue en 1960).

Un numeroso grupo de corredores llega a las primeras rampas del Gavia, y las condiciones meteorológicas se agravan. La incesante lluvia se transforma en una ventisca de gruesos copos de nieve que van cubriendo el asfalto. La carrera se convierte en una lucha individual contra el frío.

El pelotón se va desmembrando poco a poco, la ascensión es un rosario de corredores atenazados por el frío y la nieve. A diez kilómetros de coronar, el ciclista holandés Johan van der Velde lanza un temerario ataque que le sitúa en cabeza de carrera.

Van der Velde, uno de los ciclistas más talentosos e irregulares de la época capaz de lo mejor y de lo peor asciende a un elevado ritmo las rampas del Gavia. A pesar de las gélidas temperaturas el intrépido holandés viste de corto, ni siquiera lleva guantes para proteger sus dedos de una más que probable congelación. La sensación térmica era de cinco grados bajo cero.

Johan van der Velde en cabeza de carrera en el Paso Gavia
Johan van der Velde en cabeza de carrera en el Paso Gavia.

Por detrás, el líder Chioccioli pierde tiempo respecto a sus más inmediatos perseguidores; el estadounidense Andrew Hampsten y el holandés Erik Breukink. Algo más atrás iba Perico Delgado, ya sin opciones por la general.

Tras más de una hora de esfuerzo, Van der Velde corona el puerto con un minuto de ventaja sobre Hampsten y Breukink. Restan 25 kilómetros para llegar a Bormio, pero el descenso se convierte en un gélido infierno.

A los pocos metros de comenzar el descenso Van der Vende tiene que poner pie a tierra. Lleva los dedos entumecidos por el frío y no tiene la suficiente sensibilidad para apretar las manetas del freno. Su coche de equipo no está para asistirle y se mete en la autocaravana de unos aficionados. Le dan comida caliente y se cambia de ropa para elevar la temperatura de su engarrotado cuerpo.

Para el resto del pelotón el descenso es igualmente una pesadilla, el panorama es dantesco. El frío viento atraviesa como si de cuchilladas se tratará el empapado cuerpo de los corredores, los periódicos en el pecho no son suficientes para mitigar la sensación térmica. Muchos están al borde de la hipotermia.

En este contexto, hay un equipo que sabe aprovechar estratégicamente la situación, el 7-Eleven de Andrew Hampsten. El conjunto norteamericano previsor de las condiciones que se podían encontrar en el Gavia, envió a un auxiliar del equipo con ropa seca, guantes de neopreno y gafas de esquí para su líder. Hampsten estuvo varios minutos cambiándose que resultarían claves para afrontar el descenso en unas mejores condiciones que el resto.

Andrew Hampsten coronando el Paso Gavia. Foto: BettiniPhoto
Andrew Hampsten coronando el Paso Gavia. Foto: BettiniPhoto

Hampsten y Breukink se marcharon en el descenso y llegaron juntos al último kilómetro. El holandés se llevó la victoria en Bormio seguido de Hampsten, que se ponía líder de la general. El estadounidense ya no soltaría la maglia rosa, convirtiéndose en el primer no europeo en ganar el Giro de Italia.

Rostros desencajados, desmayos y cuerpos entumecidos por el frío fueron las imágenes más repetidas en la llegada.  Perico Delgado comunicó a la prensa que durante el descenso del Gavia se encontró con varios ciclistas subiendo en dirección contraria. El segoviano pensaba que había tomado una dirección equivocada, pero se dio cuenta que lo que estaban haciendo realmente era subir unos metros para calentar el cuerpo y luego volver a descender.

Mientras que los primeros en cruzar la línea de meta fueron entrando en calor poco a poco, se acercaba a Bormio la figura de un larguirucho ciclista cubierto de nieve dando forzadas pedaladas. Era Johan van der Velde. El holandés llegó a casi cincuenta minutos del vencedor de la etapa.

Un total de quince ciclistas abandonaron ese día la carrera, dejando además importantes secuelas a causa del tremendo frío al que estuvieron expuestos. La etapa del Paso Gavia de aquel Giro de 1988 todavía resuena con fuerza en los anales de la historia del ciclismo moderno. Una ascensión mítica y temible al servicio de la poderosa naturaleza alpina.

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